Himnos de alabanza

10.03.2024

El domingo 10 de marzo los niños de la comunidad de Madrid pudieron vivir algo especial: un Servicio Divino realizado en un lenguaje sencillo y apto para ellos. Para la ocasión, el Obispo Víctor Alganza ofició ese día en la capital española.

La mano de la “suerte”

Antes de comenzar el Servicio Divino, los niños fueron invitados a entrar en la sacristía. «¿Sabéis lo que es la suerte?», preguntó el Obispo. «¿Y sabéis qué significa “bendición”?». Una niña contestó que la bendición es como la suerte, pero sabiendo que la mano de Dios está por encima de todo. Los portadores de ministerio se quedaron impresionados…

Se enseñó un video corto de unos niños nuevoapostólicos en Cuba, que viven en circunstancias de precariedad. El Obispo pidió a los niños de Madrid que se acuerden de ellos en sus oraciones.

Luz después de la oscuridad

«Pero a medianoche, orando Pablo y Silas, cantaban himnos a Dios. Y los presos los oían» (Hechos 16:25). Esta palabra sirvió de base para la prédica y, para entender mejor el contexto, una maestra leyó un pasaje sobre la vida del Apóstol Pablo:

“…El Apóstol Pablo y su amigo Silas están en una celda oscura. Les duele la espalda de los golpes recibidos. Es medianoche. Los otros presos no pueden creer lo que oyen….” 

«¿Qué escucharon los otros hombres que estaban en la cárcel?», preguntó el Obispo. Cantaban himnos de alabanza, como los que cantamos en la Iglesia, que hablan de Dios. «¿Pero no estaban en una situación difícil?», el Apóstol Pablo nos enseña que siempre hay motivos para estar agradecidos y alabar a Dios.

El amor de Dios

Delante del altar había una caja llena de objetos. Una niña iba sacando los objetos y el Obispo explicaba, interactuando con los niños, qué representaba cada objeto. Podemos dar gracias a Dios, por existir, por la tierra, por nuestros padres, por los alimentos, por los estudios, por los amigos, por la comunidad… Pero el regalo más grande salió último de la caja: el libro de la Escuela Dominical, que representa el amor de Dios. «Los ministerios de la comunidad os aman, las maestras os aman, la comunidad os ama», concluyó el ministerio oficiante.

Mi oración es luz

Para dar paso a las Diaconisas, el coro de niños cantó con entusiasmo: Gracias Padre, hoy te doy.  «Cerrad los ojos», dijo la primera Diaconisa. «Todo está oscuro. Imagínate que hay una linterna a tu lado. Abre los ojos y cógela. ¡Ya tienes luz!».

La linterna es luz, la luz es esperanza, la esperanza se traduce en una oración. Y relacionándolo con el lema del año: «Orar funciona», terminó la sierva de Dios.

Pedir y ofrecer ayuda

«¿Quién tiene miedo en la oscuridad?», preguntó la segunda Diaconisa. Muchos niños (y algunos adultos) levantaron la mano. La Diaconisa recordó que siempre podemos pedir ayuda a nuestro Padre celestial. Pero también podemos ayudar nosotros a los demás. Cuando vemos que un amigo está triste, podemos consolar, dar un abrazo, hacer que se sienta seguro.

Después del Servicio Divino, los niños ofrecieron un tentempié a la comunidad. Como recuerdo, todos los participantes se llevaron un dulce con el consejo: “Alabemos y demos gracias a Dios”.