Antes del Servicio Divino
Los niños y jóvenes del distrito Centro recibieron a los ministerios con una gran entrada de bienvenida. Dos niños pronunciaron unas palabras, explicando las muchas nacionalidades que conviven en la comunidad de Madrid, pero haciendo hincapié en lo que todos tenemos en común: Nos estamos preparando para ser la novia de Cristo. Luego todos entonaron el cántico Gracias, Padre, hoy te doy.
Orar funciona
El Apóstol de Distrito ofició el Servicio Divino basándose en la palabra Filipenses 3:20: «Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo».
El ministerio oficiante empezó preguntando sobre la evolución de nuestras oraciones, la fuerza al hacer la oración. «¿Habéis sentido una mayor conexión con Dios? ¿Realmente merece la pena hacer una oración? Sí, ¡orar funciona!», afirmó refiriendo al lema del año.
También recordó una vez más que el diablo siempre está ahí para que caigamos en la tentación. Sin embargo, en la oración podemos pedir a Dios que nos guíe por el camino correcto y que cuando nuestro prójimo nos haga daño, tenemos que actuar como un hijo de Dios y perdonar.
Ciudadanos del cielo
En referencia a la palabra bíblica, el Apóstol de Distrito dijo: «No importa de donde vengamos, todos tenemos algo en común, una ciudadanía en el cielo. Es algo de lo que podemos estar orgullosos y seguros, dado que Dios nos dice: “Nadie te la va a quitar, porque yo te la he dado y mi palabra es firme”».
El Apóstol Camenzind añadió unas palabras referentes a lo anteriormente dicho, resaltando que al renacer en agua y espíritu, no solo tenemos derechos sino también deberes como ciudadanos del cielo.
El Obispo Alganza hizo un comentario sobre una frase en las camisetas que llevaban puestas los niños: “Dios nos une más allá de las fronteras”. Continuó con una anécdota que tuvo de camino a la Iglesia: «Nuestra taxista tenía un acento del Sur, así que le pregunté de qué parte de Andalucía era. Con mucho orgullo me contestó que era de Cádiz, habló sobre su ciudad y de que siempre cuando podía, regresaba a su tierra». Con esta historia, el Obispo sacó la conclusión de que siempre y cuando podamos, volvamos a nuestra tierra, que siempre que podamos o tengamos una excusa, hablemos de nuestra ciudadanía, con pasión y orgullo tanto terrenalmente como espiritualmente.
La comunidad crece
La fiesta continuó cuando seis padres fueron invitados delante del altar para que sus hijos pudieron recibir el don del Espíritu Santo. El Apóstol de Distrito lo llevó a cabo imponiendo su mano en la frente de los nuevos miembros de la comunidad: «Ahora también sois ciudadanos del cielo».
En la otra orilla
La Santa Cena para los difuntos fue preparada por los niños que entonaron el cántico En la otra orilla. En esta ocasión fueron el Apóstol y el Obispo quienes recibieron la oblea en nombre de los difuntos.
En total 144 almas pudieron vivir una mañana especial, llena de alegría, fraternidad y esperanza en el futuro.