El sábado 14 de marzo, los niños de la capital acudieron junto a sus maestros a la iglesia para preparar el Servicio Divino especial del día siguiente. Se hizo un ensayo de coro, el arreglo floral y se preparó una obra de teatro. Todo este esfuerzo fue recompensado por unos creps preparados por dos maestras jóvenes.
La sencillez de los niños
La Pastora oficiante quiso dejar algo muy claro: «¡La comunidad os quiere y quiere veros crecer y reírse como parte de ella!». Todos los niños en la comunidad son importantes: «Jesús dijo: “Dejad que los niños vengan a mí”», prosiguió. «Debemos tener una fe sencilla como los niños.»
El punto de partida del Servicio Divino fueron los versículos bíblicos de Lucas 5: 18-20: “Y sucedió que unos hombres que traían en un lecho a un hombre que estaba paralítico, procuraban llevarle adentro y ponerle delante de él. Al ver él la fe de ellos, le dijo: Hombre, tus pecados te son perdonados.”
Uno de los maestros narró la historia bíblica mientras los niños representaban lo que se decía.
¡Quiero un amigo así!
El paralítico no podía andar, pero sus amigos lo ayudaron, lo llevaron a Jesús. Cuando parecía que no podrían pasar, puesto que había mucha gente, ¡no se detuvieron! Jesús se sorprendió por la profunda fe que tenían. «¡Qué importante es tener buenos amigos!», concluyó la Pastora.
Jesús es el médico de nuestra alma
El pecado es todo lo que nos separa de Dios, lo que no le agrada a Dios. «Aquí tengo una servilleta blanca, pero como veis, está manchada y no huele bien. Nosotros tenemos un alma, y Dios quiere que esté limpia, sin manchas.»
Como el paralítico, a veces tenemos “manchas en el alma”, pero Dios lo perdona todo, una y otra vez.
Dios no condena
El Pastor dirigente lanzó una pregunta: «¿Dios castiga?» Con un ejemplo ilustrativo, les demostró a los niños que eso no es así: «¿Cuántas veces habéis oído decir a mamá o papá: “¡No corras!” Pero corriste igualmente, a lo mejor te caíste y te hiciste daño. ¿Y cuál fue la reacción? Mamá o papá te curó la herida y te abrazó.» Dios no lo quiere, pero si nos hacemos daño, siempre nos perdona de nuevo.
Caminamos en la luz de Dios
Tras finalizar el Servicio Divino, los niños y sus maestros se colocaron en las escaleras. Se despidió a los presentes mientras se cantaba: “Caminamos en la luz de Dios”.
Después hubo un pequeño refrigerio para los niños, padres y maestros y se hicieron unas pruebas sobre los conocimientos bíblicos de pequeños y mayores.
El prójimo
Por último, se planteó una pregunta muy significativa que resumía a la perfección el Servicio Divino de esa mañana: ¿qué podemos hacer por nuestro prójimo durante esta semana?