Santificación, bendición, fortaleza

18.02.2024

El fin de semana del 17 y 18 de febrero, la región Centro recibió al Obispo de España para experimentar unos momentos llenos de alegría y bendición.

El sábado 17 comenzó con un Servicio Divino para los portadores de ministerio. El Obispo había elegido la palabra en Pedro 1:15: «Sino, como aquel que os llamó es santo, sed también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir».

«Mis queridos siervos y siervas en el Señor. Mirad vuestra vida, como un padre mira a su hijo», comenzó el Obispo. «Los ministerios son llamados para ayudar a muchos, llenos del Espíritu Santo en el don que han recibido, porque todo lo que viene de Dios es santo».

Santificación

Moisés tuvo un encuentro con Dios en la zarza y Dios le dijo que se sacara los zapatos, porque el lugar que estaba pisando era santo. «¿Nosotros nos santificamos delante de Dios? Tenemos que lavar nuestros vestidos, cambiar nuestros pensamientos, estar dispuestos a la reconciliación y ser humildes».

Dios llama a los ministerios, no por ser mejores que otros, ni por méritos propios, sino por lo que se mueve en sus corazones. En la ordenación, se recibe la autoridad, bendición y santificación en el encargo. 

Una vida santa

Una Diaconisa que fue llamada a colaborar, hizo referencia a un cántico de los niños: “Una vida santa quiero”. «Cuando tenemos ese sentir, el llamamiento que nos hace Dios, no nos cuesta, sino que produce alegría y podemos trabajar en su obra de salvación.»

Después del Servicio Divino, los portadores de ministerio realizaron diversas tareas e intercambiaron ideas para mejorar la vida espiritual en la comunidad. 

¿Qué es bendición?

Por la tarde, el Obispo viajó a Zaragoza. En esta ocasión, el Servicio Divino tuvo lugar en casa de uno de los Pastores. El encuentro tuvo como base una palabra en Deuteronomio 28:2: «Y vendrán sobre ti todas estas bendiciones, y te alcanzarán, si oyeres la voz de Jehová tu Dios».

«Ser bendecido es más que tener una vida económicamente cómoda. Haber recibido la bendición implica ser una fuente de bendición para los demás», reveló el Espíritu Santo. Si los que nos rodean pueden experimentar la bendición gracias a nosotros, somos un reflejo de nuestro Padre celestial.

«Tenemos que poder ver y reconocer que Dios está con nosotros, tanto en los buenos momentos como en los malos», dijo el ministerio.

Después del Servicio Divino, todos pudieron disfrutar de una cena en casa de los anfitriones.

Fortaleza

Al día siguiente, el Obispo sirvió a la comunidad de Madrid con el texto bíblico de Jeremías 1: 18-19: « Porque he aquí que yo te he puesto en este día como ciudad fortificada, como columna de hierro, y como muro de bronce contra toda esta tierra, contra los reyes de Judá, sus príncipes, sus sacerdotes, y el pueblo de la Tierra. Y pelearán contra ti, pero no te vencerán; porque yo estoy contigo, dice Jehová, para librarte».

Saber usar tus fuerzas

«Queremos ser una comunidad fortificada y formar una fortaleza, siendo activos, teniendo fe, siendo valientes con la gracia y confianza del Señor. También queremos ser parte activa de esta fortaleza donde cada uno puede aportar parte de sus dones. Una de nuestras fortalezas es la oportunidad que nos da el Padre de ser dignos para cuando el Señor venga», comenzó el Obispo. «Dios te llama y te da una misión: “¡Salva tu alma pero también la de tus hermanos!”. Dios nos habla para decirnos cómo lo tenemos que hacer, y nos cuenta que no es más fuerte el que más fuerza tenga, sino el que sabe cómo usar esa fuerza», dijo a los presentes.

Fortaleza de piedra

Uno de los Diáconos añadió algo importante: «Las fortalezas hechas de madera pueden destruirse por una tormenta, pero si están construidas con piedras y se sostienen en pilares sólidos, entonces son fortalezas de verdad».

Después de la celebración de la Santa Cena, otra fortaleza donde podemos refugiarnos siempre, la comunidad pudo disfrutar de un tentempié.

Busca y guarda tu tesoro

Las confirmantes de este año pudieron disfrutar de una clase especial, bajo la dirección del Obispo, y en presencia de sus padres y maestras. «Dentro de ti hay un tesoro que hasta ahora tus padres han cuidado y protegido. No menosprecies este tesoro: ¡Trabaja en la salvación de tu alma!», fue el consejo del portador de ministerio.