Creer sin ver

26.01.2025

La comunidad de Madrid aprovechó el último domingo de enero para prestar una atención especial a los más pequeños. Más de 30 niños, es decir jóvenes creyentes hasta los 14 años, participaron de un Servicio Divino con los niños en el centro de la comunidad.

¡Lo que puede la ilusión! Algunos niños ya se personaron en la comunidad de Madrid a las 09:30 horas para colaborar en la preparación del altar, introduciendo las obleas en los cálices, poniendo los números de los cánticos, y dando los últimos retoques en el adorno floral.

A las 09:45 horas, los niños fueron recibidos en la sacristía, donde todo el cuerpo ministerial les dio la bienvenida. La Pastora oficiante pronunció una oración, pidiendo al amado Dios que la palabra pudiera llegar a los corazones de sus hijos más pequeños.

Creer sin ver

«¡Bienaventurados los que no vieron, y creyeron!” (Juan 20:29)» Esta fue la palabra bíblica elegida para el Servicio Divino. Para su prédica, la Pastora bajó del altar para acercarse literalmente más a los niños: «Hoy os quiero contar una preciosa historia», comenzó, «pero primero quiero preguntaros algo: “¿Quién ha visto a Jesús aquí en la Iglesia?”» Como ninguno de los presentes podía decir que sí, la Pastora empezó a explicar por qué hay cosas que no podemos observar. «No se puede ver el viento, verdad, pero sí se puede notar una brisa en la cara. La inteligencia no se ve, pero personas inteligentes son capaces de hacer grandes cosas.»

Para demostrar que creer es una cuestión de confianza, la Pastora invitó a tres niños y un adulto a que se acercaran para tocar unos objetos con los ojos vendados. «¿Os habéis sentido seguros?», preguntó. «Hay que tener fe y confiar, incluso cuando no podemos ver con nuestros ojos.»

¿Dónde vemos a Dios?

Parece que a Dios tampoco lo podemos ver, continuó la Pastora, pero «podemos observar a Dios en las cosas buenas, en la naturaleza…»
En momentos difíciles, cuando estamos tristes, Dios soluciona los problemas y nos regala paz.

¡Hemos visto a Jesús!

Después de la muerte de Jesucristo, sus discípulos tenían miedo. Jesucristo entró en medio de ellos y dijo: «¡Paz a vosotros!»

Jesús les enseñó sus heridas en las manos y los pies. Entonces los discípulos se alegraron: pudieron ver a Jesús, él vino a visitarles y pasó por las puertas cerradas. Jesús vive, ¡qué alegría!

La incredulidad

Jesús apareció otra vez en medio de ellos, aunque las puertas estaban cerradas. Él dijo: «¡Paz a vosotros!» Se dirigió a Tomás, que no estuvo la vez anterior: «Tomás, mira mis manos y acerca la tuya y métela en mis heridas. No seas incrédulo, sino creyente.»

Tomás se sobrecogió al ver a Jesús. Él dijo lo que ninguno de los discípulos ha dicho antes a Jesús: «¡Yo reconozco que tú, Jesús, eres Dios!» Con amor, Jesús le dijo: «Porque me has visto, Tomás, creíste; bienaventurados los que no vieron, y creyeron». 

Ver con lupa

«A veces necesitamos alguna herramienta especial para poder ver las cosas con mucho detalle, por ejemplo, un microscopio o una lupa. Nuestra lupa espiritual se llama “fe”.»

La Diaconisa aportó también una palabra especialmente para los niños. «Si a veces nos falta un poco la fe, entonces es importante que quedemos todos juntos, como las ovejas que se protegen entre ellas.»

Santa Cena

La Pastora: «Antes os hice la pregunta dónde podemos ver a Jesús en el Servicio Divino. Ahora podemos verlo muy cerca en la Santa Cena. Es lo que nos proporciona fuerzas y alegría para mantener la fe».

Al finalizar el Servicio Divino, niños, padres y maestros se juntaron en el garaje para compartir un pequeño refrigerio. También se realizó un juego, en el que los niños probaron diferentes sabores con los ojos vendados… ¡Creer sin ver!