En la Iglesia Nueva Apostólica se celebran tres veces al año Servicios Divinos en ayuda a las almas que han fallecido. Solo con fe se puede entender este acto, pero este hecho está basado en relatos bíblicos que demuestran que en la época de los primeros Apóstoles se daba este tipo de ayuda a los difuntos.
En esta ocasión, el Obispo empezó su viaje celebrando un primer Servicio Divino, el sábado día 5 por la mañana, para los fieles de Asturias, en la ciudad de Oviedo. Estuvo acompañado por el Anciano de Distrito. Para esta ocasión, el Obispo utilizó la palabra de 1ª Juan: «¿Quién es el que vence al mundo, sino el que cree que Jesús es el Hijo de Dios?» (1ª Juan 5:5), donde explicó que la ayuda realmente se recibe si por fe se cree en Cristo como el Hijo de Dios, y en los Apóstoles para recibir los Sacramentos necesarios para poder acercarse a Dios.
En la tarde del sábado, tanto el Obispo como el Anciano de Distrito, se desplazaron hacia Galicia, concretamente a la comunidad de Carballo, donde celebraría el segundo Servicio Divino. También, como punto central, pensando en la ayuda a los difuntos. En esta ocasión, como base del acto, el ministerio empleó el texto de Marcos 8:25: «Luego le puso otra vez las manos sobre los ojos, y le hizo que mirase; y fue restablecido, y vio de lejos y claramente a todos». Destacó el Obispo que es necesario ver para entender, y esto es un proceso, ya que Cristo tocó varias veces los ojos del ciego. Primero solo veía formas, pero no distinguía; y así pasa con muchas de las almas que han partido al más allá, aún no han comprendido el plan de salvación de Dios, pero pueden ser tocadas nuevamente y ver, comprender y aceptar a Cristo.
Finalmente, el domingo por la mañana, celebró el último Servicio Divino en la comunidad de A Coruña, donde también lo esperaban con alegría, ya que hacía ya bastante tiempo que no había tenido ocasión de servir allí. La palabra de Marcos 13:10: «Y es necesario que el Evangelio sea predicado antes a todas las naciones» fue el hilo conductor de la prédica, destacando claramente que antes de la Venida de Cristo es necesario predicar el Evangelio, tanto en el mundo terrenal, como en el más allá, del mismo modo que lo hizo Jesús después de su crucifixión. Además también nos afecta a nosotros, como Hijos de Dios, el poder difundir el Evangelio a todos los que nos rodean y también aplicarlo a nosotros mismos.
Las naciones, explicó, refiere a los diferentes estados en los que pueden estar las almas, tanto aquí como en el más allá. Y enumeró algunas de ellas: hay naciones de los decepcionados, de quienes no han encontrado la paz, de quienes obraron sin amor, de quienes están ofuscados; o de los "sordos" que no quieren oir nada de Dios. Nuestra tarea, dijo el Obispo, es llevar la semilla del Evangelio de la esperanza, del amor, a cada uno de ellos. El resultado corresponde al Señor. «No sabemos cómo, pero Dios puede hacer grandes cosas», afirmó.
Muchos kilómetros de viaje, pero una gran alegría para los fieles de las comunidades, y sin duda una ayuda para todos aquellos que en el más allá han aceptado la invitación, ahora tendrán paz verdadera y no estarán atados por la maldad, porque el bien lo llena todo.