«Cada uno ha venido con sus anhelos, sus preocupaciones, su esperanza, pero lo importante es que nos hemos acercado a Dios. Y esa es la mejor decisión que podemos tomar, ¡porque Dios lo hará todo bien!» Con este pensamiento, el Obispo saludó a la comunidad de Madrid.
En su servir, destacó varios puntos del texto bíblico de Salmos 36:7-9 («¡Cuán preciosa, oh Dios, es tu misericordia! Por eso los hijos de los hombres se amparan bajo la sombra de tus alas. Serán completamente saciados de la grosura de tu casa, y tú los abrevarás del torrente de tus delicias. Porque contigo está el manantial de la vida; en tu luz veremos la luz»).
Alegría y riqueza
«Ocupándome de la palabra, me vinieron dos palabras al corazón: alegría y riqueza. El salmista transmite una palabra de confianza que todo está en las manos de Dios. Qué bonito es cuando la alegría y la riqueza están en tu corazón, en tu comunidad.»
Misericordia
La palabra bíblica describe la misericordia como algo muy grande. Esto se traduce en el amparo, el refugio que siempre nos ofrece el Padre Celestial. «La misericordia también la recibimos en la palabra y en el Sacramento. El hombre por sí solo no puede alcanzar la salvación», continuó el ministerio.
Comunión
Haciendo referencia a un reportaje reciente, el Obispo mencionó una bonita iniciativa: “Hacer sonar la campana”. «¿No estamos contentos cuando estamos juntos en el Servicio Divino? ¿Cómo te sientes? ¿Quieres compartir tu alegría? ¡Entonces haz sonar tu campana espiritual!», dijo.
El alimento lo recibimos a través de la palabra. «A veces, una palabra lo cambia todo». Puede orientar, fortificar, consolar, en definitiva debe provocar un cambio. Y la bebida viene en torrentes: «No solo unas gotas, sino con fuerza, como dice el cántico: “Lluvias de bendición grandes”.»
Luz
En la última parte de la palabra se menciona la luz. «Jesucristo es la luz entre los hombres. ¿Está en mí, en mi comunidad? Jesús quiere que la luz brille en la comunidad», concluyó el Obispo.
El Diácono y la Diaconisa que fueron llamados al altar profundizaron entre otras cosas en el aspecto de la luz:
«El brillo es para los que están a nuestro lado, y necesitamos la luz del que va a nuestro lado. La Diaconisa se acordó de los niños: «En el campamento, por la noche había mucha oscuridad. Y si la linterna no funcionaba, uno tiene que acompañar. Con nuestra luz podemos ayudar. ¿Cómo? Con la oración.»
El manantial de la vida
Uno de los momentos más destacados del Servicio Divino fue la recepción de una nueva miembro. Una niña pequeña fue presentada ante el altar por sus padres para recibir el Santo Bautismo de Agua: «¿Qué os puedo decir? Habéis venido con lo más precioso que tenéis. Os digo esto: Id con ella al manantial de la vida», empezó el Obispo. «Hoy esta niña se convierte en cristiana, es decir, quiere vivir en Cristo. Amaos los unos a los otros, también vosotros como padres, así seréis un gran ejemplo para ella», expresó.
Al finalizar el Servicio Divino, los padres de la bautizada quisieron celebrar el día con la comunidad e invitaron a todos a un tentempié.
Seminario para portadores de ministerio
Dos veces al año, en la capital española se organiza un seminario para portadores de ministerio, al que acuden tanto ministerios recién instituidos como con trayectoria. Esta jornada de formación sirve sobre todo para hablar sobre la importancia de la asistencia espiritual, así como el anuncio sustancioso de la palabra en los Servicios Divinos. El sábado hubo tiempo para aspectos teóricos y prácticos, mientras que el domingo después del Servicio Divino se hizo un análisis del mismo como punto y final del seminario.